Introducción: profecía bíblica y actualidad (2 Reyes 9–10)
El Pastor Jonathan Cahn, en sus declaraciones proféticas sobre el presidente Donald Trump, establece una relación con eventos bíblicos en los tiempos del rey Jehú como prototipo, revelando un “misterio” de acontecimientos similares que siguen un mismo patrón.
Cahn compara al rey Jehú de la Biblia (2 Reyes 9). Él asegura que, para comprender a Trump, hay que comprender a Jehú. El rey Jehú era solo un soldado, un guerrero común, sin sangre real; de forma semejante, Trump era solo un hombre de negocios: no era político, y mucho menos tenía planes de ser presidente.
De Clinton a Trump: una línea de acontecimientos
Todo se inicia desde el presidente Bill Clinton hasta los días de la presidencia de Donald Trump: una serie de acontecimientos semejantes a los tiempos del rey Jehú, desde Acab hasta la unción de Jehú como rey (por un joven profeta, por orden del profeta Eliseo), hasta la muerte de la reina Jezabel.
Jehú: orden por juicio divino (2 Reyes 9–10)
El rey Jehú estableció orden en Israel de forma violenta por orden de Jehová, derribando templos de los Baal y sus imágenes, y acabando con la vida de muchos personajes: a los 70 hijos de Acab, degollándolos a todos; a los profetas de Baal, quitándoles la vida dentro del templo (80); al hijo de Acab, Joram, atravesándolo con una flecha; y la muerte de Jezabel, entre otros.
Todo esto lleva a una similitud con Trump: un orden ejercido con fuerza que, hasta el día presente, se percibe en su forma de actuar.
“Liquidar encabezados”: el inicio del reinado
Uno de los eventos comparables: en cuanto fue nombrado rey, Jehú comenzó rápidamente a “liquidar” a los principales líderes y reyes. De manera parecida, Trump empezó a “liquidar” parte de la administración de Biden y Kamala Harris, así como a enfrentar a Hillary Clinton y Obama, y a cuestionar leyes que —según esta visión— no se alinean con la Palabra de Dios.
Carácter impetuoso e implacable
Una cualidad común entre Jehú y Trump es la impetuosidad. La Biblia describe a Jehú con un carácter recio; de modo similar, Trump ha gobernado con una actitud brusca y sin piedad, como si existiera odio. La semejanza de temperamento es parte del paralelo profético.
“Tenemos que entender que todo esto son juicios de Dios, así como en el tiempo del rey Jehú.”
Pecado nacional, juicio de Dios e idolatría
Dios permite estas cosas por el pecado en una nación que un día fue fundada sobre la Biblia y principios bíblicos. Antes, hasta en las escuelas estaban los Diez Mandamientos en las paredes; en empresas de televisión se oraba antes de salir al aire. Hoy, ni siquiera se puede predicar en público sin que muchos se ofendan, llamando “odio” a hablar de la Biblia en las calles.
Muchos han olvidado lo que es verdaderamente ser un creyente del evangelio, convirtiéndose a una “nueva era” del cristianismo y a filosofías de hombres que han dado lugar a actos blasfemos y prácticas que Dios aborrece, tal como ocurrió en Israel en los días de Jehú.
Infiltración religiosa y desvanecimiento del cristianismo
Viéndolo desde el lado espiritual, esta nación ha permitido la infiltración de muchas religiones. Poco a poco, el cristianismo se desdibuja por la multiplicidad de credos que se instalan en Estados Unidos, y la nación se hace idólatra y liberal, sin rienda, como Israel en el tiempo de Jehú.
Símbolos e ídolos modernos: Libertad, poder y Baal
De manera encubierta, esto viene entrando desde décadas atrás. La Estatua de la Libertad puede verse como un regalo inocente, pero espiritualmente —según esta lectura— representa la idolatría de dioses antiguos. También se menciona la estatua del Papa en Washington, el Toro de Manhattan (asociado con Baal), y la réplica del Arco de Baal traída a Nueva York en 2016. Parecen cosas normales o insignificantes, pero detrás hay trasfondos de abominaciones, deidades e ídolos que en la antigüedad enfurecieron a Jehová Dios.
“Lo que parece cultural y normal puede ser, en su raíz, idolatría ante los ojos de Dios.”
Sacrificio de niños y aborto: un paralelo inquietante
En los tiempos de Jehú, los israelitas se enredaron en creencias falsas, entregando a sus hijos a Baal, pasándolos por el fuego, después de haber sido una nación temerosa del Dios verdadero. Cahn afirma que lo mismo ocurre hoy —en otro contexto— con el aborto, que equivaldría al infanticidio.
Se habla de una estimación de unos 200,000 niños en aquel tiempo, y por ello Dios trajo peste y tragedia a Israel. Hoy, en Estados Unidos, se estima más de 63,000,000 de abortos entre 1973 y 2020. No tardará en caer el juicio y el terror de Dios sobre la tierra.
Moral pública, LGBT y la Casa Blanca
Desde Bill Clinton, el movimiento LGBT comenzó con algo “insignificante”: que a los nuevos soldados inscritos no se les preguntara su identidad de género para no hacerlos sentir mal. En la presidencia de Obama, recibió apoyo; y con el gobierno de Biden y Kamala Harris, se otorgó apoyo y derechos considerados antibíblicos a este movimiento.
Todo llegó hasta los escalones de la Casa Blanca, donde se permitió un show de drag queens para niños: un evento que desató la ira de Dios, cuando no hace mucho la nación cimentaba sus fundamentos en la Biblia y la santidad.
“Dios permite lo que vivimos por el pecado en la nación; puede parecer injusto, pero su juicio es inevitable: Dios no tolera el pecado.”
Lecciones de Jehú: reformas incompletas (2 Reyes 10:29)
Al final, el rey Jehú destruyó los lugares altos de Baal y trajo orden a Israel, limpiando la idolatría. Sin embargo, no terminó la obra: decidió dejar los becerros de oro (2 Reyes 10:29) porque le parecían no ser amenaza. Eso indica una idolatría parcial, como sucede con muchos creyentes hoy.
Otra similitud con Trump —según se menciona— es su aparente cercanía a lo religioso; incluso llegó a decir, en broma, que podría ser Papa en el futuro, dejando entrever una verdad detrás de esa broma.
Llamado cristiano: oración, fidelidad y tiempos finales
El trabajo nuestro como cristianos es hacer la voluntad de Dios y orar; que los políticos hagan lo que vayan a hacer. Al final, Dios tiene la última palabra. Lo que está escrito en su Palabra se cumplirá.
Estamos en tiempos finales (según la Biblia). Cualquier cosa puede pasar: son tiempos peligrosos y apocalípticos. Debemos mantenernos fieles y listos para el encuentro con el Señor Jesucristo.
“Permanezcamos fieles: Cristo viene. Que nos halle velando, orando y en santidad.”